Nada nuevo
Las aguas mansas han vencido en desnivel dejando a la luz lo
que un día fue Aceredo (Lobios). Cada vez que estas bajan emergen los
recuerdos, la curiosidad del visitante que escruta su mirada en cada estante,
en los interiores de las viviendas que un día fueron morada y casas de
labranza. Nada nuevo, todo nuevo.
Desde la colina donde
estaba el cementerio hoy trasladado contemplamos el conjunto. Un grupo de
visitantes lo transita, el lugar se ha convertido en un centro de visitas, un
particular centro de interpretación de la ruina ajena, por el desconcierto que
los pueblos otrora con vida representan en todos nosotros. Desde que se inundó
hace tres décadas, el tiempo no se ha detenido, ha seguido implacable como
aguas arriba, que visto su fantasmal presencia, tampoco es decir mucho.
La quietud de las aguas agita los pensamientos, pero ya nada es posible.
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